EN FAMILIA CON CHABELO.
Ni en el mejor de mis sueños hubiera podido imaginar algo así.
El viaje desde el comienzo ha mantenido una cualidad
sumamente importante, la capacidad de sorpresa. Incluso cuando pienso que ya
nada puede sorprenderme siempre pasa algo mejor, y esta vez no fue la excepción,
yo ya había llegado hasta el fin del mundo, ya no podía ir más al sur, el
primer objetivo del viaje ya estaba cumplido, solo faltaba intentar terminar de
conocer los países de Latinoamérica,
pero justamente cuando estábamos en Ushuaia me llegó una tremenda
noticia, la visita de mis papás y mis hermanos para vernos unos días en Calafate. Por esta razón tuvimos que
alargar un poco nuestra estancia en esa ciudad argentina, antesala de uno de
los glaciares más importantes del mundo.
Al final solo estuvimos juntos
cinco días pero para mí toda esa semana fue una semana de ensueño que comenzó
el martes 14 de marzo. Recuerdo que ese día me levante todavía
escéptico sobre lo que me esperaba; Julieta, Luis y yo caminamos por la
costanera bordeando el hermoso Lago Argentino y allí nos sentamos a comer unas
galletas y a tomar unos mates, para luego seguir caminando hasta el hotel donde
se hospedarían mi Papá, mi Mamá, el Lalo y el Rulo. Ellos arribaron antes que
nosotros, así que cuando bajaron de su cuarto primero los dos Lalos, luego mi
mamá y después de un rato Raúl, yo la
verdad sentí como me llenaba de felicidad con cada uno de los fuertes abrazos
que nos fuimos dando. Había que verles las caras, saludarlos, hacerles cariños,
preguntar por la familia, hablar sobre el reciente fallecimiento del Bob, y
había que disfrutar, disfrutar mucho el
hecho de estar todos juntos y de hacerlo en un ambiente de vacaciones (hacía
muchos años que no salíamos de Aguascalientes todos juntos) para por conocer uno
de los rincones más sorprendentes del mundo.
Compartir con ellos represento para mi felicidad pura, todo fue lindo, los paseos, las comidas, los
picnics, los tragos, los recuerdos, las memorias, las canciones infantiles
cantadas a capela con la Güeris, las
pláticas serias con mi padre, las bromas y la buena energía con mis hermanos,
las fotos, las sonrisas, el estar acompañado de la July y de Luisito, las
simples conversaciones, las muchas risas en familia, todo eso era como estar viviendo un sueño, un
hermoso recordatorio personal de lo que soy, de donde vengo y de porqué ya me
hace falta volver a casa.
Durante esos días tuvimos la
oportunidad de comer rico, tortas fritas complementadas con jamón (a sugerencia
culinaria de mi pap)á, discos de cordero y de mariscos, pizzas, sándwiches simples y corrientes en los tours; también tomamos rico,
desde coca cola, dos tipos de tequila, cervezas, vino tinto, agua de la llave,
jugos en polvo, la verdad que no importaba nada, cualquier cosa era una buena exucsa para disfrutar y ser felices, a mi tanta felicidad por momentos me hacía dudar que realmente tuviera en frente de mi a toda mi familia.
Sobre los lugares que conocimos
simplemente fueron espectaculares, comenzando por el glaciar Perito
Moreno, luego un tour en una embarcación que nos llevó a otros dos glaciares,
el Upsala y el Spegazzini, luego un día que rentamos un auto y nos fuimos a
pasar el día a Chaltén, un lugar con unos paisajes hermosos, donde pudimos
subir a un mirador de cóndores desde donde se veía una enorme montaña, luego
fuimos a una cascada y luego manejamos hasta un hermoso Lago, finalmente el último día lo
pasamos un poco más tranquilos echando flojera al borde del lago Argentino,
apreciando sus colores y degustando de un maravilloso atardecer. El día que ellos seguían su viaje hasta Ushuaia, nosotros
llegamos temprano a despedirlos, compartimos el desayuno con ellos, y
luego nos tuvimos que dar otro abrazo enorme y vernos las sonrisas en las
caras, para almacenarlas hasta que nos volvamos a encontrar.
Luego ellos siguieron con su ruta hacia el fin del mundo y luego hacia Buenos
Aires, donde sé que les fue muy bien.
Para nosotros tres, Julieta, Luis y yo, el viaje debía de continuar y al martes siguiente,
el 21 de marzo, cerramos la semana con una fabulosa experiencia al caminar 10 kilómetros
en el Chaltén para llegar a un punto simplemente mágico que se conoce como la
Laguna de Los Tres, donde el paisaje es simplemente mágico, dos lagunas, una
verde y otra azul obscuro, con cascadas formadas por el deshielo de los
glaciares en lo alto de las montañas, una semana que nunca voy a olvidar, una
sorpresa que me llegó cuando menos lo esperaba y que siempre lo voya recordar como una gran enseñanza de
vida.
Escrito por David Herrera
González.
25 de Abril, 2017




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