lunes, 24 de abril de 2017

92. EL ASOMBRO ANTE UN MUNDO DESCONOCIDO: “LOS GLACIARES”


EL ASOMBRO ANTE UN MUNDO DESCONOCIDO: 
“LOS GLACIARES”

Yo me sentía diminuto, se podría decir que como una gota de agua frente a una montaña de hielo.

El agua en todas sus expresiones representa vida, y cuando emana de la naturaleza ese mensaje resulta obvio. Los ríos, los lagos, las cascadas, las nubes, todo eso es sorprendente pero algo que yo nunca había visto era el hielo en su máxima expresión. Enorme sorpresa me lleve al presenciar la magnitud de los glaciares, mi cabeza aún ahora no termina por comprender lo que mis ojos tuvieron la oportunidad de  ver.
Un glaciar es una gran masa de nieve, hielo cristalizado y rocas congeladas que se acumulan cuando la nieve en un lugar no termina por derretirse, y la acumulación de todo esto va  generando enormes campos de glaciares que pueden llegar a ser  milenarios,  y que  a su vez corren a lo largo y ancho de las cordilleras, algo difícil de comprender para alguien que no está familiarizado con este tipo de ecosistemas, como yo.
Mi primer acercamiento a este fantástico mundo de glaciares fue en Ushuaia donde se encuentra el Glaciar Martial, una montaña que se ve desde la ciudad y que siempre muestra ese fabuloso color blanco en su punta. En nuestro intento por recorrer el sendero hasta arriba nos tocó un día nublado y con lluvia, que no nos permitió apreciar de la mejor manera el panorama, pero esas condiciones le dieron un toque bastante místico a nuestro recorrido, al llegar a la cima la vista no era lo que esperábamos así que comenzamos a caminar bordeando la montaña hasta que llegamos a un punto en que pudimos tocar el hielo que desciende de la montaña con nuestras propias manos, y pudimos ver el agua de deshielo comenzar su recorrido desde lo alto.




 
Unos días después nos movimos a Calafate, lugar famoso por ser el punto de partida para ir a conocer el Glaciar Perito Moreno, se podría decir que es el más comercial de todos, pero me atrevo a decir que todas las personas que lo visitan salen maravilladas de presenciar esa maravilla de la naturaleza, yo tuve la fortuna de ir un par de veces y cada una tuvo un encanto diferente pero en ambas me quedé con la boca abierta. La primera vez fui con Julieta, recuerdo que lo primero que me sorprendió fue el color del agua del Lago Argentino desde que salimos y hasta que llegamos al Parque Nacional. Ese día tuvimos mucha suerte primero porque pudimos entrar a precio de local, y luego porque pudimos apreciar una gran cantidad de maravillas, el preámbulo fue esa vista panorámica desde el mirador antes de llegar, allí comencé a prepararme para comprender las dimensiones de esa enorme masa de hielo; una vez que llegamos al estacionamiento y comenzamos a bordear el lago me sorprendió el color celesta aún más brillante que el que se veía desde Calafate; pero luego de ir bordeando ese lago de pronto tomamos una pequeña curva en las pasarelas y a lo lejos se apareció esa enorme pared blanca, esas enormes montañas de hielo emergiendo del lago con más de 60 metros  de altura ( lo sorprendente es que hacía abajo del agua queda la mayor parte de hielo, la comparación que se hace dice que el hielo que se ve es la cabeza cuando uno está adentro del agua, lo que hay abajo es el cuerpo). Luego  cuando comenzamos a recorrer las pasarelas yo ya estaba completamente asombrado, pero la mejor parte estaba por venir pues nos tocó ver una gran cantidad de desprendimientos del glaciar, primero se escuchaba el crujir del hielo  (como dos bolas de billar chocando plenamente)  para posteriormente ver cómo iban cayendo pedazos del hielo, que a la distancia parecían pequeños pero que midiendo las proporciones eran grandes bloques, hasta que de pronto la naturaleza decidió que era el momento de que todos sintiéramos esa emoción en el estómago, y sin mucho aviso se vino abajo una enorme pared frente a todos  los turistas que estábamos en frente,  luego la ola que se produjo fue tan grande que incluso nos alcanzó a pegar una leve brisa en la cara, y luego de ese masivo desprendimiento vinieron otros igual de impresionantes, estábamos completamente impresionados pero de pronto se nublo, comenzó a llover  fuertemente y tuvimos que regresar.

Pero la vida a veces es generosa y puede dar más de lo que uno merece (y así ha sido conmigo), ya que unas semanas despuès pude volver al Perito Moreno, pero ahora con la bendición de hacerlo acompañado de mis padres y mis hermanos. En lo personal me agradaba muchísimo volver a ese lugar y sobretodo la idea de de ver la cara de mis familiares cuando estuvieran frente a algo que yo sabía que ellos tampoco se imaginaban; ese día deje de tomar fotos y me dedique a disfrutar pues sabía que ellos se iban a encargar de eso; el día era hermoso con un sol radiante y eso hacía que el color del lago fuera aún más sorprendente,  ese día pudimos hacer la embarcación que te lleva a ver el glaciar más de cerca, fue una experiencia mágica pues de allí es desde donde se puede apreciar mejor la altura del glaciar, y desde donde se perciben mejor los colores del hielo que varían del blanco intenso, al azul  obscuro formado por un efecto visual; luego de la embarcación fuimos al punto más alto de las pasarelas para  comenzar a bajar a los distintos miradores, allí fuimos testigo de un desprendimiento grande, y pudimos brindar con un trago de tequila ese maravilloso momento. Un momento inolvidable dentro de mi viaje el estar frente a ese glaciar y hacerlo con mi familia, ni en un sueño hubiera podido imaginarlo.
Cuando pensaba que ya no podía maravillarme más con los glaciares, resulto que al siguiente día, gracias al patrocinio de mi papá, pudimos hacer el tour de la navegación todos juntos (mi mamá, mi papá, mis hermanos Lalo y Rulo, mi novia Julieta, mi mejor amigo Luis, y yo) que te lleva a recorrer un lugar por demás paradisiaco, pues navegar por el Lago Argentino para ir a conocer dos glaciares el Upsala y el Spegazzini termino por ser algo más que inolvidable.  El tour lo podría considera como el mejor de mi vida, pues fue zarpar de un puerto con una vista muy especial y comenzar a adentrarnos en un paisaje todavía mejor con cascadas que bajaban desde lo alto de las montañas y que a la distancia se veían pequeñitas y conforme nos íbamos acercando comenzaban a mostrar su verdadera inmensidad, el viento arriba de la embarcación era helado pero el paisaje era digno de soportarlo. Pero lo mejor estaba por venir, primero cuando a lo lejos de arriba de la montaña comenzó a verse una inmensa capa blanca, era el glaciar Upsala, y en el lago comenzaron a aparecerse témpanos bastante grandes que incluso los tripulantes del barco usaron para pescar y poder ofrecer whisky con hielo del glaciar para los turistas que querían gastar más dinero del que ya habían gastado en el tour. Pero cuando nos acercamos lo más que se podía al glaciar, los témpanos eran enormes, incluso había uno más grande que el propio barco, pero por seguridad no nos pudimos acercar mucho.  
 
 De allí continuamos el trayecto con miras en el siguiente glaciar, ese trayecto fue completamente una fantasía animada, primero el barquito frenó en un punto para que pudiéramos admirar la vegetación de la zona, un verde brillante  muy raro que se aparecía en medio de  la nada,  luego  un lugar con una escenografía de ensueño, con el glaciar al fondo de las altas montañas dejando notar las finas caídas de agua  de deshielo sobre la montaña, era simplemente hermoso. Después de unos minutos llegamos a estar frente al  glaciar Spegazzini, una pared semejante a la del Moreno pero aún más alta, y donde el color del hielo tenía esos hermosos tonos surrealistas de blanco con azul que sorprenden a cualquiera que tenga la fortuna de ser testigo.

Por último la experiencia con los glaciares vino a darse cuando fuimos rumbo a El Chaltén (la capital mundial del trekking), primero fue ver de lejos el glaciar abajo del cerro que da el nombre a la localidad, pero luego fue la mágica experiencia de hacer una caminata hasta la Laguna de los Tres, que consistió en un camino de 10 kilómetros que hicimos en dos lapsos frenando para acampar una noche en la Laguna Capri, para al siguiente día salir a hacer los 8 km restantes. Un paisaje mágico, con puentes sobre finos ríos, con bosques dignos de ser el cuento de cualquier duende,  y finalmente con una pronunciada subida de un kilómetro, hasta llegar  a uno de los lugares que más me han maravillado dentro  del viaje, una laguna verde que se alimentaba del agua de deshielo del glaciar, en lo alto se veía el cerro Chaltén, al lado el Poincenot y las nubes, y de allá arriba descendía esa enorme masa de hielo de la cual  se formaban finas cascadas que alimentaban la laguna, pero a tan solo unos metros de distancia había una caída aun mayor que daba a otra laguna, esta con un color azul intenso, que parecía no ser real, con decenas de cascadas que la alimentaban, incluyendo una que venía de la laguna verde, simplemente un escenario digno de maravillar a cualquier deidad, y si faltaba algo, los cóndores se aparecían de vez en vez, sobrevolando ese paisaje que a ellos les pertenece más que a nadie.



Los glaciares son algo difícil de explicar, vagamente se puede decir que es una enorme cantidad de agua dulce en estado sólido pero es mucho más que eso; es  una mágica evidencia del pasado, es el paso a un mundo desconocido, es una de las más impresionantes maravillas de la creación, un paisaje helado que calienta el interior de cualquier ser humano, es simplemente una de las cosas que nunca voy a olvidar en mi vida.
Escrito por David Herrera González.
25 de Marzo, 2017

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