Ushuaia el Fin del
mundo, o el comienzo de todo.
“Si es que el futuro está en el norte
Está el origen en el sur
En el sur está la fuerza
Y en el norte la quimera”
Está el origen en el sur
En el sur está la fuerza
Y en el norte la quimera”
(La Barranca).
Cuando comencé a viajar hace
ya más de un año y nueve meses, siempre
tuve el sur como coordenada guía, por algunos momentos la ruta nos desvió hacia
otras direcciones, pero siempre había que retomar el camino hacia el sur de
nuestra América. ¿Por qué hacia el sur?, porque yo quería conocer
Latinoamérica, quería comprobar lo que un día pronunció Ernesto Guevara: “…desde
México hasta el Estrecho de Magallanes constituimos una misma raza”, yo he tenido la oportunidad de corroborar
eso con mis propios ojos y ahora incluso
puedo añadir un poco a esa frase, constituimos un mismo estilo de personas, que
nos podemos denominar latinos, desde México hasta el punto más al sur de la
Isla de Tierra de Fuego.
La Isla de Tierra de Fuego se
localiza en el extremo sur de América solamente separada del continente por el
estrecho de Magallanes, que es el punto en que se juntan los dos océanos más
grandes del planeta, llamada así pues los primeros exploradores europeos que
llegaron a la zona, alcanzaban a divisar el humo de las fogatas que mantenían
el calor en las aldeas de los indígenas que allí habitaban, entre otros los
selknam y los yámanas. Dicha Isla es un territorio compartido entre los países
de Argentina y Chile, y del lado del primero se encuentra, Ushuaia, la capital
de la provincia, que es famosa por ser la ciudad más austral del planeta.
Yo nunca me imaginé que Ushuaia
fuera una ciudad tan grande, yo esperaba algo más pequeño por sus condiciones
geográficas y porque yo había escuchado que la ciudad en sí había sido
construida por los presos que alguna vez estuvieron confinados en la Prisión
del Fin del Mundo. Luego me enteré que el gobierno argentino hace algunas
décadas había buscado poblar la zona usando dos motores principales, el turismo
y la industria (cuestión muy criticada por los argentinos pues la industria
conlleva un deterioro del ambiente natural que en este lugar es por demás
privilegiado)
Después de un viaje largo y
cansado, llegamos hasta Ushuaia en una
noche de luna llena, el escenario era esplendido pero no alcance a contemplar
la belleza de la ciudad hasta el día siguiente cuando me encontré de un lado
con el Canal Beagle y del otro con unas enormes montañas nevadas, y en medio estaba
la ciudad. Cada que fueron pasando los días me fui enamorando lenta y paulatinamente
de la ciudad, pero sobre todo de sus alrededores. Me gustaba que muchas
ocasiones me costaba dirigir la mirada a un solo punto, pues el panorama ofrecía
una infinidad de opciones para admirar.
Las caminatas que hicimos por la
naturaleza consistieron en varios puntos emblemáticos de Ushuaia que todos
coincidieron en lo maravilloso de sus paisajes: El Parque Nacional del Fin del
Mundo, el Glaciar Martial y Playa Larga hasta el Río Encajonado.
Sobre el Parque Nacional me quedo con haber estado en el punto más austral, con las lagunas de distintos colores, con la fuerza del río, con los bosques patagónicos, con los bosques destruidos por los castores, y con todo lo demás que vi y sentí que ahora no puedo describir con palabras.
Sobre el Glaciar Martial primero me quedo con lo imponente que es a la vista desde la ciudad, luego me gustaría mencionar como disfrute esa mística caminata en medio de la niebla el día que hicimos el sendero para subir, quede sorprendido de los colores brillantes de las diminutas flores y del escaso pasto que crecía en las orillas del río donde fluye toda el agua del deshielo; cuando llegamos a la cima, la vista no fue la mejor por las cuestiones del tiempo, pero cuando estaba frente a esos enormes bloques de hielo sobre la montaña pude comenzar a entender lo que son esos monstros congelados; de ese día también me quedo con esa experiencia de sentir frio y acabar empapado, que aunque no fue tan placentera en el momento, no deja de ser experiencia.
Sobre el Parque Nacional me quedo con haber estado en el punto más austral, con las lagunas de distintos colores, con la fuerza del río, con los bosques patagónicos, con los bosques destruidos por los castores, y con todo lo demás que vi y sentí que ahora no puedo describir con palabras.
Sobre el Glaciar Martial primero me quedo con lo imponente que es a la vista desde la ciudad, luego me gustaría mencionar como disfrute esa mística caminata en medio de la niebla el día que hicimos el sendero para subir, quede sorprendido de los colores brillantes de las diminutas flores y del escaso pasto que crecía en las orillas del río donde fluye toda el agua del deshielo; cuando llegamos a la cima, la vista no fue la mejor por las cuestiones del tiempo, pero cuando estaba frente a esos enormes bloques de hielo sobre la montaña pude comenzar a entender lo que son esos monstros congelados; de ese día también me quedo con esa experiencia de sentir frio y acabar empapado, que aunque no fue tan placentera en el momento, no deja de ser experiencia.
La última caminata en la
naturaleza fue bordeando Playa Larga, que es una playa a la entrada de la ciudad
desde donde se alcanza a divisar claramente lo que es Ushuaia pero el panorama
cambia conforme te vas adentrando en la naturaleza; allí empecé a conectarme
con los ríos, las montañas con picos nevados, los calafates, algunos caballos, los
campos verdes, las playas rocosas, entre muchas otras cosas. Después de varias
horas de caminata tuvimos la recompensa de llegar al Río Encajonado, que es una
parte donde el río pasa por unos paredones de piedra antes de desembocar en el
mar.
Como ya mencione constituimos una misma raza desde México hasta Ushuaia, y uno de los puntos en común es la capacidad de hermandad y de ayuda al prójimo que tenemos todos como latinos, y puedo decir que la experiencia en este lugar fue bastante buena gracias a la gente con la que nos fuimos encontrando. Primeramente tengo que agradecer inmensamente a Sebas por lo que hizo con nosotros, y mandarle un gran abrazo a él y a sus hijas, sobre todo a la hermosa Maia. También agradecerle a Sol por acompañarnos a Playa Larga y por hacer posible el asado del último día donde pudimos probar el cordero patagónico en compañía de Yani y Gustavo. Gracias a María Laura, Mariana, Diego y todos los que nos permitieron trabajar en el puerto recibiendo a la gente del crucero. Saludos para Welly y Pablo, un abrazo también para Pao, Esteban, y Ale por los buenos momentos.
En Ushuaia las caminatas en la
naturaleza son una delicia para la vista, el aire puro, el silencio del bosque,
el viento helado que a veces te reseca
la piel, pero sobretodo la paz del lugar hacen que al final te quedes con esa cálida
sensación de estar en el punto más al sur, de estar en el fin del mundo.
Escrito por David
Herrera González.
22 de Febrero, 2017
